lunes 7 de diciembre de 2009
lunes 9 de febrero de 2009
Se Activa???
Buenas tardes, queridos salpiconeanos... en vista de la colgadez registrada durante el último período del 2008 y la posterior partida de todos los honorables miembros de este destacado grupo hacia todos los rincones del territorio nacional e internacional (?), propongo haciendo uso y abuso de la terquedad que me caracteriza, que activemos nuestro venerado espacio literario abriéndolo a los caprichos de las corrientes del nuevo año, con las medidas detalladas a continuación:
-Nueva consigna! ---> Diario de Viajes. (Ya que estamos, digo, no?)
-Invitar a los miembros discriminados a integrarse al blog.
-Facilitar un encuentro no virtual en Buenos Aires, en la medida de lo posible, para ver qué pinta y vernos las caras ya que estamos =)
Besos!
Ju
-Nueva consigna! ---> Diario de Viajes. (Ya que estamos, digo, no?)
-Invitar a los miembros discriminados a integrarse al blog.
-Facilitar un encuentro no virtual en Buenos Aires, en la medida de lo posible, para ver qué pinta y vernos las caras ya que estamos =)
Besos!
Ju
martes 2 de diciembre de 2008
Amor...
Acá. En este cuarto defectuoso,ame a una mujer.
Acá las horas se esfumaron
y la desidia fue placer.
Acá, en este pedazo de suelo LATINOAMERICANO:
vivo sueños, buscó, salto muros,
pero aún sigo amando a esa mujer.
Es que fue un río en las tinieblas
y soledad, en este amanecer.
Fue un encuentro repentino,
amor en las entrañas y tempestad es en la piel.
Acá, desde donde hace eco mi canto,
me detengo perturbado ante su sed.
Y acá, desde donde su ira descarto las esperanzas,
le sigo siendo fiel.
Jamás veré hacia el horizonte,
es acá, donde se pudrirá mi ser.
Jamás escuchare sobre reproches,
siempre acá, donde alguna vez también la odie.
MarC
Acá las horas se esfumaron
y la desidia fue placer.
Acá, en este pedazo de suelo LATINOAMERICANO:
vivo sueños, buscó, salto muros,
pero aún sigo amando a esa mujer.
Es que fue un río en las tinieblas
y soledad, en este amanecer.
Fue un encuentro repentino,
amor en las entrañas y tempestad es en la piel.
Acá, desde donde hace eco mi canto,
me detengo perturbado ante su sed.
Y acá, desde donde su ira descarto las esperanzas,
le sigo siendo fiel.
Jamás veré hacia el horizonte,
es acá, donde se pudrirá mi ser.
Jamás escuchare sobre reproches,
siempre acá, donde alguna vez también la odie.
MarC
lunes 27 de octubre de 2008
Querido diario:
Miro mi cuaderno y es un rejunte de papelones íntimos, de secretos malgastados, de amores inventados, y frases atrapadas al vuelo de un viaje en colectivo, o de una noche cualquiera antes de dormir.
Lo último que me dijo fue un chisme tonto, o una novedad absurda, que fulano me estaba buscando para que le devuelva unos discos; y yo le respondí en tono aséptico, preguntándole si tenía relevancia el motivo que juntaba nuestras voces al teléfono.
Tengo ganas de charlar con el viejo, o instalarme en la casa de Paulo a tomar café y discutir en esa espesa nube de humo de cigarrillos muertos sobre autores que ambos leímos, pero que ninguno terminó por comprender.
Este viaje fue lanzarse al vacío, sin premeditación, ni siquiera un balance, quedó tan lejos la imagen de estar en casa preparando las valijas con la ventana abierta y el vientecito corriendo. Desde que terminó la inocenciaaque mudo mis tristezas de un lugar a otro, como si fuera mi oficio perseguir esos pocos ratos felices que se me escapan entre los dedos.
Hay otra imagen muy fiel que se renueva cada día al despertar: estábamos los dos en el patio de su casa fumando un cigarrillo, viendo a su conejita “Carmela” saltando feliz de baldosa en baldosa. Es simple, el deseo o el amor son simples, lo único que complica al hombre es su continua-incesante búsqueda de certezas, de seguridades, de cuadriculas, de caminos, renglones, libros, canciones dónde poner la vida o el sentido último.
Hace tanto que no escribo, que dudo ante cada letra; siempre fui malo con la ortografía. El deseo es simple y cuando escribí “deseo” pensé algo más íntimo, más fuerte, tan intenso como el café. Desconozco dónde nace la necesidad que tengo de escuchar dos veces la misma canción, a veces creo que son las mismas ansias de sentar la cabeza, o encontrarme conmigo, y no sea en el espejo, y no sea en el amor hacia ella; y no hay nada más seguro que poder tararear el futuro y anunciar en voz baja “cuéntale que la extraño y que me siento seco, igual que un presidente dentro del autobús”; pero también existe el aburrimiento o el asco a la rutina, y esa pasión por el estreno, por los labios sin pasado, por probar esa copa que nos han invitado. ¿Pesa tanto el sufrimiento por no besar dos veces la misma boca?
En el corazón sí. Y la razón no entiende un carajo de todo esto, ella dice: “tres de la madrugada ¿mañana quién te va a despertar?”. Eso pesa: el triste dualismo platónico, el desacuerdo eterno, ¿la paz? bien gracias.
Pero gracias a esas discusiones ensimismadas que padezco día a día, a ese incisivo corte que me ha dejado occidente como sello, es que veo tan hermoso ese encuentro que ocurre cuando dos soledades se quieren, se piensan, se extrañan, se abrazan y ruedan felices por el piso.
atte. manuel.
Lo último que me dijo fue un chisme tonto, o una novedad absurda, que fulano me estaba buscando para que le devuelva unos discos; y yo le respondí en tono aséptico, preguntándole si tenía relevancia el motivo que juntaba nuestras voces al teléfono.
Tengo ganas de charlar con el viejo, o instalarme en la casa de Paulo a tomar café y discutir en esa espesa nube de humo de cigarrillos muertos sobre autores que ambos leímos, pero que ninguno terminó por comprender.
Este viaje fue lanzarse al vacío, sin premeditación, ni siquiera un balance, quedó tan lejos la imagen de estar en casa preparando las valijas con la ventana abierta y el vientecito corriendo. Desde que terminó la inocenciaaque mudo mis tristezas de un lugar a otro, como si fuera mi oficio perseguir esos pocos ratos felices que se me escapan entre los dedos.
Hay otra imagen muy fiel que se renueva cada día al despertar: estábamos los dos en el patio de su casa fumando un cigarrillo, viendo a su conejita “Carmela” saltando feliz de baldosa en baldosa. Es simple, el deseo o el amor son simples, lo único que complica al hombre es su continua-incesante búsqueda de certezas, de seguridades, de cuadriculas, de caminos, renglones, libros, canciones dónde poner la vida o el sentido último.
Hace tanto que no escribo, que dudo ante cada letra; siempre fui malo con la ortografía. El deseo es simple y cuando escribí “deseo” pensé algo más íntimo, más fuerte, tan intenso como el café. Desconozco dónde nace la necesidad que tengo de escuchar dos veces la misma canción, a veces creo que son las mismas ansias de sentar la cabeza, o encontrarme conmigo, y no sea en el espejo, y no sea en el amor hacia ella; y no hay nada más seguro que poder tararear el futuro y anunciar en voz baja “cuéntale que la extraño y que me siento seco, igual que un presidente dentro del autobús”; pero también existe el aburrimiento o el asco a la rutina, y esa pasión por el estreno, por los labios sin pasado, por probar esa copa que nos han invitado. ¿Pesa tanto el sufrimiento por no besar dos veces la misma boca?
En el corazón sí. Y la razón no entiende un carajo de todo esto, ella dice: “tres de la madrugada ¿mañana quién te va a despertar?”. Eso pesa: el triste dualismo platónico, el desacuerdo eterno, ¿la paz? bien gracias.
Pero gracias a esas discusiones ensimismadas que padezco día a día, a ese incisivo corte que me ha dejado occidente como sello, es que veo tan hermoso ese encuentro que ocurre cuando dos soledades se quieren, se piensan, se extrañan, se abrazan y ruedan felices por el piso.
atte. manuel.
viernes 10 de octubre de 2008
Puff
¿Más muerte? No nos basta con verla en los diarios, en las revistas, ver cómo día a día mueren millones de buenas intenciones, cómo las matan, cómo siguen torturando cadáveres podridos que nadie quiere dejar en paz. Pequeña muerte del alma en cada suspiro, en cada bondi que no para, en cada fotocopia, muerte sobre papel donde hablan de la muerte de dios. Muere el día cada vez que el sol se esconde, muere el actor con su personaje al finalizar cada función, morimos todos. A cada instante, muerte constante, intentos de asesinato a tal velocidad que no somos ni capaces de contarlos. Muerte de ideas, muerte de carne, muerte de ideales a cada paso que damos muere nuestra inocencia de a pedazos.
¿Qué tanta muerte? ¿No estamos hartos de tanto parricidio, fraticidio, suicidio, subsidio? ¿De qué muerte hablamos? ¿Esa fea oscura, toda llena de gusanos y de poemas románticos? ¿Qué muerte?
Así como morimos a cada paso renacemos, renace el que no se deja olvidar, vivimos para siempre naciendo y muriendo, con cada ataque de bronca, con cada éxtasis estético, con cada orgasmo... porque vida y muerte son ambos inventos absurdos. Extremos para calmar la estupidez humana y encasillar. Encasillar hasta sacarnos de las casillas.
La muerte no existe si no lo queremos, y tampoco la vida. Existe esto que somos, que hacemos, ahora y un poquito de atrás y un poco de futuro y estamos hechos. ¿A quién hace falta matar?
¿Seguir matando? Seguir intoxicando a este mundo de violencia, seguir pegándole con su propia hipocresía, cada vez lo va a traumar más, cada vez más psiquiatras desalmados tratarán de curarlo, internarlo, empastillarlo, empastillándonos a nosotros, matándonos de encierro a nosotros. Parajoda. Purajoda. Basta de agresividad con nosotros, de torturarnos con esa idea absurda del final cerrado cual ataúd y obligatorio cual escuela primaria.
Si nacemos, a cada paso nacemos de nuevo... nace el actor antes de la función y nacemos iluminados por las luces de la escena... y las muertes, las ausencias no son tal si no queremos. Los que faltan, dónde están los q faltan... ya volverán, volveremos nosotros con ellos.
Nacer, desulmbrarse... con cada felicidad, con la felicidad de estar triste, de estar... de vivir en una ciudad rizomática o en un pueblo tranquilo, o en una casa en el mar.
Petit mort, grand mort, gran muerte sin miedo y sin gusanos. Gran renacer, saliendo a cada instante de un nuevo cascarón maravilloso. Seguir naciendo, seguir haciendo nacer, ayudando a nacer, matronas de nuestro arte y nuestra vida, parto constante.
jÜ
Nueva consigna!
Continuar esta frase y escribir un texto, si pinto:
Querido Diario:
Hoy me comí un chupetín...
¿Qué tanta muerte? ¿No estamos hartos de tanto parricidio, fraticidio, suicidio, subsidio? ¿De qué muerte hablamos? ¿Esa fea oscura, toda llena de gusanos y de poemas románticos? ¿Qué muerte?
Así como morimos a cada paso renacemos, renace el que no se deja olvidar, vivimos para siempre naciendo y muriendo, con cada ataque de bronca, con cada éxtasis estético, con cada orgasmo... porque vida y muerte son ambos inventos absurdos. Extremos para calmar la estupidez humana y encasillar. Encasillar hasta sacarnos de las casillas.
La muerte no existe si no lo queremos, y tampoco la vida. Existe esto que somos, que hacemos, ahora y un poquito de atrás y un poco de futuro y estamos hechos. ¿A quién hace falta matar?
¿Seguir matando? Seguir intoxicando a este mundo de violencia, seguir pegándole con su propia hipocresía, cada vez lo va a traumar más, cada vez más psiquiatras desalmados tratarán de curarlo, internarlo, empastillarlo, empastillándonos a nosotros, matándonos de encierro a nosotros. Parajoda. Purajoda. Basta de agresividad con nosotros, de torturarnos con esa idea absurda del final cerrado cual ataúd y obligatorio cual escuela primaria.
Si nacemos, a cada paso nacemos de nuevo... nace el actor antes de la función y nacemos iluminados por las luces de la escena... y las muertes, las ausencias no son tal si no queremos. Los que faltan, dónde están los q faltan... ya volverán, volveremos nosotros con ellos.
Nacer, desulmbrarse... con cada felicidad, con la felicidad de estar triste, de estar... de vivir en una ciudad rizomática o en un pueblo tranquilo, o en una casa en el mar.
Petit mort, grand mort, gran muerte sin miedo y sin gusanos. Gran renacer, saliendo a cada instante de un nuevo cascarón maravilloso. Seguir naciendo, seguir haciendo nacer, ayudando a nacer, matronas de nuestro arte y nuestra vida, parto constante.
jÜ
Nueva consigna!
Continuar esta frase y escribir un texto, si pinto:
Querido Diario:
Hoy me comí un chupetín...
viernes 11 de julio de 2008
Crianza
Apoyé mi peso, primero sobre el talón y la madera ya crujía, luego la planta lentamente, y la madera crujió y calló secamente. Miré para arriba… las dos cuerdas hacían un leve movimiento pendular, apenas perceptible. En las extremidades inferiores, los cuerpos se balanceaban blancos, los ojos estaban cerrados. Levanté la silla que estaba volteada de lado sobre el parquet y la coloqué cerca del primer cuerpo. Me subí y corté la cuerda apenas unos centímetros más arriba del cuello.
El estruendo que hizo el cuerpo de mi padre al caer al suelo me pareció sobrenatural. Pero después de todo era una casa vieja, y mi padre era un hombre grande. Temí que mi hijo, que estaba en el piso de abajo hubiese escuchado la caída, debía tener más cuidado, lo tendría con mi madre. Desvestí el cadáver, tiré por la ventana de atrás la ropa que planeó informe y cayó sobre el césped del jardín. Ahora el cuerpo inerte de mi padre yacía ingenuo sobre la madera fría. Si fue difícil arrastrar un cuerpo de casi cien kilos hasta la otra habitación, fue aún más complicado colocarlo dentro del armario vacío, un armario enorme donde entrarían cuatro personas del tamaño de mi padre.
Ahora faltaba mi madre, ella era más chica, su cuerpo se balanceaba trazando un ángulo mucho mayor. Otra vez me subí a la silla, pero esta vez abracé el cuerpo con mi brazo derecho y con el izquierdo alcancé a cortar la cuerda muy cerca del nudo. La cabeza de mi madre se desplomó sobre mi hombro derecho. Inmediatamente bajé de la silla soportando el peso con la espalda, y dejé a mi madre en el suelo… casi no hizo ruido. No me animé a desvestirla por completo, solo le saqué su suéter de lana y los zapatitos chatos que usaba de entre casa, que cayeron en el jardín cerca de la ropa sucia de mi padre. A ella la llevé hasta el mobiliario abrazándola contra mi pecho, sus senos estaban tiesos, y sus pies desnudos se arrastraban delicadamente sobre el parquet. La acosté en el suelo del armario, del lado opuesto a donde estaba mi padre desnudo.
Bajé a la cocina, mi hijo me preguntó que era la ropa que cayó sobre el jardín. –Ropa para lavar-le dije. Le preparé una chocolatada, nada había pasado para él. Nada debía pasar para él, era demasiado chico como para que le pasen cosas.
Chucho.
El estruendo que hizo el cuerpo de mi padre al caer al suelo me pareció sobrenatural. Pero después de todo era una casa vieja, y mi padre era un hombre grande. Temí que mi hijo, que estaba en el piso de abajo hubiese escuchado la caída, debía tener más cuidado, lo tendría con mi madre. Desvestí el cadáver, tiré por la ventana de atrás la ropa que planeó informe y cayó sobre el césped del jardín. Ahora el cuerpo inerte de mi padre yacía ingenuo sobre la madera fría. Si fue difícil arrastrar un cuerpo de casi cien kilos hasta la otra habitación, fue aún más complicado colocarlo dentro del armario vacío, un armario enorme donde entrarían cuatro personas del tamaño de mi padre.
Ahora faltaba mi madre, ella era más chica, su cuerpo se balanceaba trazando un ángulo mucho mayor. Otra vez me subí a la silla, pero esta vez abracé el cuerpo con mi brazo derecho y con el izquierdo alcancé a cortar la cuerda muy cerca del nudo. La cabeza de mi madre se desplomó sobre mi hombro derecho. Inmediatamente bajé de la silla soportando el peso con la espalda, y dejé a mi madre en el suelo… casi no hizo ruido. No me animé a desvestirla por completo, solo le saqué su suéter de lana y los zapatitos chatos que usaba de entre casa, que cayeron en el jardín cerca de la ropa sucia de mi padre. A ella la llevé hasta el mobiliario abrazándola contra mi pecho, sus senos estaban tiesos, y sus pies desnudos se arrastraban delicadamente sobre el parquet. La acosté en el suelo del armario, del lado opuesto a donde estaba mi padre desnudo.
Bajé a la cocina, mi hijo me preguntó que era la ropa que cayó sobre el jardín. –Ropa para lavar-le dije. Le preparé una chocolatada, nada había pasado para él. Nada debía pasar para él, era demasiado chico como para que le pasen cosas.
Chucho.
martes 8 de julio de 2008
Cambia, todo cambia...
Acá el chucho personificado... busco perdones y disculpas por no participar de la temática anterior, a veces todo lo otro te succiona y te deja seco seco... y no sale nada. Pero vengo a reivindicarme y darle un empujón más al carro.
Como me fue pedido ... y como tenía planeado... estoy en esta, para proponer un nuevo disparante de nuestro querido blog.
esto nuevo está relacionado con LA MUERTE... amiga de todos
La cuestión es que debemos ubicarnos en un ambiente donde la muerte tenga presencia... es decir... alguno de los personajes debe morir... o haber muerto, o demáses.
Buuuu... miedo, "en caso de siniestro use la escalera" (eso dice en mi edificio)
les dejo un abrazo.
Chucho.
Como me fue pedido ... y como tenía planeado... estoy en esta, para proponer un nuevo disparante de nuestro querido blog.
esto nuevo está relacionado con LA MUERTE... amiga de todos
La cuestión es que debemos ubicarnos en un ambiente donde la muerte tenga presencia... es decir... alguno de los personajes debe morir... o haber muerto, o demáses.
Buuuu... miedo, "en caso de siniestro use la escalera" (eso dice en mi edificio)
les dejo un abrazo.
Chucho.
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